Llegando a la casa, un nuevo ramo de lirios llegó. Gerald frunció el ceño, dos en un día. Caminó y era el mismo repartidor de la mañana.
—¿Dos en un día?
—Usted me pidió que consiguiera la dirección, así que llamé al remitente, diciéndole que hubo un problema con la entrega, que alguien lo había roto, y lo describí a usted, así que envió otro. Aquí está su dirección.
Gerald sonrió de lado y le entregó un montón de billetes.
—Buen trabajo.
Se metió la dirección en el bolsillo y caminó hacia la c