Fabiano respiró profundo miró los dos box.
—Allá te toca a ti... y aquí a mí. Suerte, padre.
Fabiano le dio una palmada en el brazo a George y prácticamente lo empujó hacia la otra sala de partos.
—¡Anda! ¡Mi madratra malvada te está esperando!
Sin darle tiempo a responder, salió corriendo hacia la sala donde estaba Victoria, apenas entró, buscó desesperadamente su rostro entre el personal médico.
—¡Princesita! ¡Estoy aquí, llegué!
Corrió hasta ella, tomó su mano entre las suyas y besó con deli