Las semanas pasaron mucho más rápido de lo que todos esperaban.
Las puertas automáticas de la clínica se abrieron de golpe mientras dos camillas ingresaban casi al mismo tiempo por el servicio de urgencias. Sobre una de ellas iba Victoria, sujetándose el enorme vientre con ambas manos mientras respiraba con dificultad. A su lado corría Fabiano, completamente fuera de sí, sin dejar de tomarle la mano ni un solo segundo. En la otra camilla avanzaba Margaret con el rostro contraído por el dolor, m