La oficina se llenaba de movimiento desde temprano. Secretarias caminaban de un lado a otro, teléfonos sonaban, ascensores se abrían constantemente y el piso completo parecía respirar negocios y caos elegante al mismo tiempo.
Gustavo y Gissela estaban cada uno encerrado en sus respectivas oficinas revisando documentos cuando el ascensor principal volvió a abrirse.
Fabiano salió primero.
Vestía pantalón de tela oscuro, una camisa azul con el cuello abierto y un abrigo largo negro que le daba una