Los días pasaron y Katrina se sentía cada vez más fuerte. Su pequeña Matilda estaba sana y lloraba lo justo y necesario, solo cuando tenía hambre o estaba sucia. Los mellizos estaban felices.
En una ocasión, Katrina no pudo evitar reír cuando le mostraron una pequeña fotito en la tablet.
—Él es Oliver. Él será tu esposo cuando seas grande —decía Micca—. Tú serás la princesa que se case y yo seré la princesa ninja. Mi hermano se casará con Lily y tú te casarás con Oliver. ¿No es bonito? Será un