Fabiano acudió la cabeza para reaccionar, abrió las mantas y golpeó suavemente el colchón, indicándole que se acostara.
Victoria se metió lentamente, tímida, con las mejillas encendidas y el corazón latiendo más rápido de lo normal.
—¿No te pondrás polera? ¿Llevas algo siquiera? —preguntó, intentando sonar casual.
Fabiano sonrió de lado y levantó un poco las mantas, mostrando el short que llevaba.
—Soy muy acalorado… perfecto para el invierno, soy un osito abrigadito.
Victoria soltó una pequeña