La habitación del hospital estaba tranquila. La luz anaranjada del atardecer entraba por la ventana iluminando la habitación con una calidez que hacía el momento todavía más especial. Katrina sonreía desde la cama al ver a Marcus con la pequeña Matilda entre sus brazos. Él no podía apartar la vista de su hija; la observaba con una ternura que hacía latir con fuerza el corazón de Katrina. Aquella expresión enamorada en el rostro del hombre que todos consideraban frío y dominante era un regalo qu