Marcus sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda, pero obligó a su rostro a permanecer sereno. No podía permitir que Katrina entrara en pánico, mucho menos ahora que acababa de dar a luz. Sin perder un segundo, sujetó con fuerza el enorme ramo y, aprovechando que la serpiente todavía permanecía entre las flores, abrió rápidamente la puerta del baño. De un solo movimiento empujó el ramo hacia el interior y cerró la puerta de golpe, asegurándose de que el animal quedara encerrado.
Se giró