Gisella y Marco estaban todavía en la sala de reuniones revisando algunos contratos cuando la puerta se abrió y Melany apareció con una pequeña sonrisa profesional en el rostro.
—Señorita Carson, señor Rossi, su oficina ya está lista.
Los ojos de Gisella brillaron al instante.
—¡Maravilloso! Eres un amor, Mel. Vamos, idiota.
Tomó las carpetas de la mesa y luego la mano de Marco, arrastrándolo prácticamente fuera de la sala mientras reía. Marco la siguió divertido, dejando que lo llevara como si