Cuando todos entraron al comedor, el aroma de la comida llenaba el aire.
La enorme mesa estaba servida con elegancia. La araña de cristal iluminaba el salón mientras los platos humeantes esperaban a los invitados. Los niños corrieron a sentarse primero, como si temieran que la comida desapareciera si tardaban demasiado.
Micca se sentó justo al lado de Marcus sin pedir permiso.
Katrina lo notó y negó con la cabeza con una pequeña sonrisa.
—Micca…
—¿Qué? —respondió la niña inocentemente—. Tío Mar