—Bueno… —dijo Marcus finalmente, levantándose de la mesa—. La cena estaba exquisita, muchas gracias por la invitación, pero ya es tarde, creo que iré a mi hotel.
Micca lo miró como si acabara de decir la peor noticia del mundo.
—¿Cómo?
—Debo ir por mis cosas princesita—explicó Marcus con calma—. Ropa, documentos… todo está en el hotel.
La pequeña frunció el ceño.
—Pero… habíamos quedado en que te quedarías aquí.
—Sí, princesita —respondió él con paciencia—. Pero primero debo ir por mis cosas.
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