Mamá... basta

Pronto Gustavo entró en el departamento cargando varias bolsas con comida. El delicioso aroma llenó inmediatamente todo el lugar. Había pasado por varios restaurantes para comprar todo lo que sabía que a Rossy le gustaba y, después de las horas difíciles que habían vivido, solo quería verla sonreír. Dejó las bolsas sobre la mesa y comenzó a sacar los recipientes cuando escuchó unos pasos suaves. Al levantar la vista encontró a Rossy apoyada en el marco de la puerta de la habitación. Llevaba un
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