En la oficina, Marcus estaba encerrado en el despacho de Katrina, completamente ajeno a todo lo demás. Tenía a su esposa atrapada entre sus brazos, robándole besos mientras ella reía intentando apartarlo.
—Marcus, por favor, alguien puede entrar.
—¿Y qué con eso? —preguntó él sin dejar de besarla—. Soy tu esposo con todas las de la ley. Además llevas a mi bebé en esa pancita y tenemos dos más en casa. ¿Qué tiene de malo que bese a mi mujer?
Katrina soltó una carcajada mientras Marcus seguía lle