Katrina observó la caja durante unos segundos. El repartidor ya se había marchado, pero aquella sensación extraña seguía ahí, instalada en su pecho. Sacudió la cabeza intentando ignorarla. En los últimos meses habían pasado tantas cosas que quizás se estaba volviendo demasiado paranoica.
Miró la etiqueta y notó que no tenía remitente, eso ya era extraño, aun así, tomó un abrecartas y cortó la cinta adhesiva.
La tapa apenas se levantó cuando una sombra oscura salió disparada desde el interior.
K