La mañana llegó.
Gustavo se levantó al alba, mucho antes de que Rossy despertara. Permaneció varios minutos observándola dormir. La luz tenue de la mañana se colaba por las cortinas, iluminando suavemente su rostro relajado. Verla así le daba una tranquilidad que no había sentido en horas.
Con cuidado se inclinó y besó su frente, Rossy se removió apenas entre las sábanas, pero no despertó.
Gustavo sonrió.
Después fue hasta la cocina y preparó un desayuno sencillo, pero lleno de pequeños detall