En la mansión Jones, Marcus estaba en el despacho, de pie frente al escritorio, con el ceño fruncido mientras sostenía una videollamada con su madre, la tensión era evidente en cada músculo de su cuerpo, en la forma en que apretaba la mandíbula y en cómo su mirada se endurecía con cada palabra que escuchaba.
—Hijo, no es justo… desde que despertaste te alejaste de nosotros, ahora te radicas en Francia, me entero de que tengo dos nietos y uno en camino… y no me dejas conocerlos.
Marcus llevó su