Gisella tomó su laptop y volvió a sentarse en el sillón junto a la ventana.
A pesar de que Ismael le había dicho varias veces que podía irse, ella seguía ahí.
Trabajando o al menos fingiendo trabajar, porque cada cierto tiempo levantaba la vista para comprobar que siguiera bien.
Ismael la observó durante varios minutos antes de suspirar.
—¿Qué haces?
—Veo unos contratos.
—¿Con quién?
Gigi siguió escribiendo sin levantar la vista.
—Las empresas Lancaster.
—¿Lancaster?
—Sí. Marcus hizo un nuevo