Gerald caminaba lento como una sombra, sus ojos estaban fijos, de pronto Fabiano tomó su brazo.
—¿Qué haces?
—Los malditos que la golpearon están en este hospital.
Fabiano lo soltó y abrió los ojos.
—¿Qué?
—Están en el ala oeste, los vi cuando fui por mi café, son de apellido Montalvo, se llaman Rafael, Miguel y Gabriel, en el callejón herí a uno de ellos y están acá por eso.
—¿Qué harás?
—Los mataré uno a uno.
—Vamos.
Gerald lo miró.
—¿Estás seguro?
—Sí, Gracia es como mi hermana y la estoy pe