Mi mariposa... no por favor
Fabiano llegó a la habitación de los hermanos Montalvo, al abrir, los dos lo miraron, tenía manchas de sangre.
—¿Todo bien?
—Oh, sí, hubo una urgencia y tuve que ayudar, nada nuevo, el señor Rafael pide que lo ayude, dice que no sabe dónde tiene la cabeza, necesita de su ayuda.
—Gabriel, ve, no sé por qué lo mandaste a él, sabes que no se maneja bien en esto.
—Voy, dígame dónde.
—Sígame, señor.
Fabiano caminó silbando una melodía, Gabriel sonrió.
—Esa canción es muy buena, aunque siempre la can