Los días pasaron, y poco a poco la tensión fue cediendo, aunque nadie olvidaba lo ocurrido. Fabiano finalmente fue dado de alta, y aunque aún llevaba un pequeño cabestrillo por la herida del hombro y un parche discreto en la cabeza, su recuperación avanzaba mejor de lo esperado. La costilla ya casi no le molestaba, al menos eso decía, aunque a veces su respiración lo traicionaba.
Victoria no se había separado de él ni un solo día.
Había dormido en la silla del hospital, había comido poco, había