En esa misma mañana que Aranza era revisada, Gustavo salía de la consulta del médico con Rossy de la mano. Ella caminaba con una sonrisa luminosa, ligera, feliz, mientras él avanzaba a su lado con el ceño fruncido y una expresión que dejaba claro que no estaba conforme con el resultado de aquella consulta.
Rossy terminó soltando una pequeña risa.
—¿Por qué estás tan enojado, amor? El doctor me dio de alta. Dice que puedo hacer una vida normal.
—Aún creo que fue muy poco tiempo de descanso.
Ross