En el orfanato, Vicky y María Gracia reían tanto que les dolía el estómago mientras Gerald tenía un parche en el ojo y Fabiano un garfio de plástico junto a una espada de juguete.
—¡Yo conquistaré este lugar! ¡Será mío y los tiraré a los tiburones! ¡Aaarrghh!
Fabiano apoyó un pie sobre una silla como si fuera el capitán del barco más temido de los siete mares.
—¡Jamaaaás!
Gritó Gerald blandiendo una espada mientras avanzaba hacia él.
Los niños reían, gritaban y corrían por toda la sala tomando