La mañana llegó acompañada por los primeros rayos de sol que comenzaban a iluminar la ciudad.
En el orfanato, Gerald y Fabiano llegaron temprano junto a María Gracia y Victoria para hacerse cargo de los niños. Marco y Angélica apenas habían dormido unas pocas horas, pero eso no fue problema estar juntos era todo lo que necesitaban para recuperar energías.
La noche anterior había terminado con esperanza y aquella mañana traía todavía más.
—Váyanse tranquilos —dijo Gerald mientras servía jugo a