Mientras que en Paris se celebraba el tercer cumpleaños de los mellizos, al otro lado del mundo la habitación de Marcus estaba en silencio.
Demasiado silencio.
Las cortinas permanecían entreabiertas, dejando entrar una luz tenue de la mañana. El sonido constante del monitor cardíaco marcaba el ritmo de una vida que llevaba demasiado tiempo suspendida.
Marcus Miles llevaba tres años y cuatro meses en coma.
Tres años en los que el mundo no se detuvo, la empresa siguió funcionando.
Los contratos c