Una esperanza para Aranza

La mañana siguiente, Marco estaba cansado, pero con una sonrisa que no podía esconder. Cada vez que Angélica pasaba cerca, le daba un agarrón que lo hacía saltar.

—Juro que me siento como la mujer de esta relación, siendo acosada por el macho alfa.

—Jajajaja, y eso que no has visto nada, cariño.

—Oye... —dijo Marco acercándose y tomándola de la cintura—, en mi papel de damisela quiero saber qué somos.

—Eres mío, mi novio. Anoche te lamí completo, y deslamida no hay.

Marco rió bajo y se escondió
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