A ti, te quiero a ti, maldita sea...
Margaret quedó completamente fría mirando a George. El aire parecía haberse quedado atrapado en sus pulmones y por un momento sintió que el mundo entero se detenía frente a ella. Jamás imaginó que él diría algo así. No después de tantos años. No después de tanto dolor.
—George… yo… solo no quiero hacerte más daño.
Su voz salió quebrada. Temblorosa.
Se puso de pie lentamente mientras sus manos se agitaban nerviosas a los costados de su cuerpo. El corazón le golpeaba tan fuerte el pecho que le do