No perdono ni olvido...
Gisella entró a la oficina de Ismael como una tormenta. La puerta se abrió de golpe chocando contra la pared y varias secretarias levantaron la vista sobresaltadas. Incluso Melany dejó de escribir por un segundo. Dentro de la oficina, Ismael entró lentamente detrás de ella y se acomodó en el escritorio con esa calma arrogante que a Gisella le daban ganas de golpear.
—Bien, ¿qué quieres saber? ¿Qué cosa aún no puede procesar tu cerebro de pollo?
Ismael soltó un suspiro largo y se dejó caer contr