99. Cacería de bruja
El día siguiente amanecí despertando con el hermoso color ámbar filtrándose por la ventana. El sonido de las olas a lo lejos era relajante; lo mejor era cómo me sentía en ese instante. Ahora, después de salir de Australia, todo se percibía más liviano: no había cámaras, flashes ni preguntas, solo nosotros. Además, en esa habitación se respiraba una paz que me recordaba mi vida antes del caos mediático.
Tal vez era la brisa de la isla que se colaba por la ventana abierta… o quizá la manera en que