El aire entre nosotros pareció cortarse, pesado y cargado de electricidad. Brian me miró fijamente, una ceja arqueada y ese aire imponente que tantas veces había intentado romper, sin éxito. Leonard y Richard aún estaban en la sala, pero su presencia se desvaneció. En mi mundo, solo existíamos él y yo, encerrados en una burbuja donde la tensión podía prenderse fuego en cualquier segundo.
El dolor en mi garganta era una piedra invisible, un nudo que me pesaba todo el cuerpo. Dentro de mí se libra