53. ¿Cuánto?
Me mantuve en total silencio, mirándolo con una rabia que no sabía que aún era capaz de sentir. Ese hombre… ese maldito sinvergüenza. El mismo que huyó como una rata cuando su esposa enfermó. Que nos dejó a la deriva, cargando una casa llena de deudas y un hueco tan grande que ni el tiempo logró tapar. El que robó el dinero del tratamiento con la excusa más miserable del mundo, como si su vida valiera más que la de mi madre.
Y ahora estaba ahí. De pie. En mi puerta. Como si tuviera derecho. Que