54. Julieta
Un suave toque en mi mejilla. El mismo movimiento delicado con el que se acaricia una rosa. Me hacía cosquillas. Abrí lentamente los ojos y vi a… ¿Brian? No… debía de estar soñando. Hice una mueca.
La noche anterior, tras el caos de mi padre, había decidido bañarme —como si eso me limpiara de todo lo que me provocó— e irme a dormir. Pero ahora estaba Brian. Ahí. Delante de mí. Con una sonrisa, sentado en mi cama.
—Creo que estoy teniendo una alucinación —me pellizqué la mejilla.
Me dolió.
Br