48. Amar y ser amada
El toque en la puerta hizo que me levantara con pesadez. Brian estaba completamente dormido. Los últimos dos días los habíamos empezado encerrados, donde comíamos, veíamos películas, disfrutábamos de hablar y, tras eso, pasábamos horas juntos. Nos propusimos salir, pero siempre terminábamos cediendo a nuestros cuerpos.
Me cubrí con una bata y abrí con delicadeza la puerta. Al ver que era la señora María, rodé ligeramente los ojos, nerviosa. Esperaba, muy dentro de mí, que no fueran a corrernos