47. ¿Estás bien?
Él era como el vampiro al que invitaste a tu casa: se queda para no irse cuando le das permiso.
Respiraba agitadamente, aún con mi cuerpo temblando, sucumbiendo al placer mientras mi cerebro intentaba asimilar lo que acababa de aprender. Salió de dentro de mí para que lo tocara, algo que provocó que mi cuerpo se quejara. Tomó mi mano y la llevó a su miembro: estaba como una roca. Jadeé con fuerza al sujetarlo; era fuego húmedo y resbaloso.
—Sí, Laurent… así me tienes —murmuró mientras se agacha