43. Girasoles
El aroma floral era delirante.
El viento movía las flores de un lado a otro en un vaivén constante.
El sol, a pesar de estar en su punto más alto, no quemaba; era cálido.
Dejé escapar una sonrisa al ver que estábamos en un hermoso campo de girasoles. Giré con ligereza la cabeza, notando que Brian mantenía una calma serena.
—¿Brian…?
—¿Te gusta? —preguntó con suma tranquilidad.
El campo de girasoles vibraba suavemente de un lado a otro.
—Es precioso —tomé ligeramente su mano.
—Per