Había un letal silencio, interrumpido solamente por el sonido lejano de las vacas y algún que otro suspiro contenido. Cristian y Matthew me escudriñaban con un odio tan evidente que hasta podía saborearlo en el aire; Brian lo hacía de una manera que no lograba descifrar, como si detrás de sus ojos hubiera una tormenta esperando el momento exacto para estallar. Jacob, en cambio, fue el único que rompió esa tensión que parecía capaz de cortar con un cuchillo.
Se acercó a mí con paso tranquilo, to