57. Un extraño compromiso
La sentencia es un dolor irreal en el pecho de Gladys. Sucede tan rápido los acontecimientos que apenas puede moverse de dónde está, con la mano de Fabiola entrelazada a la suya.
—Proceda a la liberación del acusado —dictamina el juez.
Gladys se queda totalmente tensa. En sus ojos no se lee algo más salvo “¿Qué está pasando? ¿Mi vida no vale?”
—Su señoría —Germán da la cara a los segundos. Tan impresionado como los demás—. Esto inválida mucho el caso de mi clienta.
—No desestimo su caso. Sin