Capítulo 75: Inocente Camila.
El sonido del reloj en la sala de espera era insoportable.
Cada tic parecía una sentencia.
El padre de Alexander caminaba de un extremo al otro, con las manos crispadas, la mirada perdida en la puerta del quirófano. Su esposa, con los ojos hinchados, sostenía un rosario con dedos temblorosos. En la otra esquina, Sofía hablaba por teléfono sin descanso, coordinando personal, asegurando accesos, dando órdenes con una voz que apenas lograba mantenerse firme.
—Necesito seguridad en cada piso —dijo