Capítulo 50: Cierra la boca, Camila.
Elena tragó saliva con fuerza. Una parte de ella quería gritar, quería correr y abrir las puertas, aunque fuese imposible. Otra parte, más fuerte, la obligó a mantenerse erguida, con los hombros rectos, como si nada pudiera derrumbarla. Si caía en el mismo estado de esas chicas, se acabaría. Y ella no iba a rendirse.
Lorenzo, el maldito hombre a quien su padre la entregó; o bueno, resulta que no lo es, se acercó despacio, con esa sonrisa torcida que ya le provocaba náuseas. Se inclinó apenas pa