Mientras tanto, en la vieja casa Valdivia, don Sebastian seguía en su sillón de cuero, mirando la transmisión en la televisión antigua del salón. Cuando vio el disparo, no se inmutó. Solo suspiró con pesar y murmuró:
— El karma llega rápido… demasiado rápido.
Y bebió un sorbo de su whisky sin hielo.
Pero entonces, bajó la mirada y vio el sobre sobre la mesa, que alguien había dejado esa mañana. Lo abrió. Dentro, una fotografía impresa: Elena saludando a inversionistas chinos en secreto. Un nomb