Esa noche, Camila regresó a la mansión Valdivia hecha una furia. Lanzó su cartera contra el sofá y subió las escaleras con pasos ruidosos. Encontró a su padre en la biblioteca, revisando unos documentos.
— ¡¿Tú cancelaste mis tarjetas?! — gritó.
Don Sebastián levantó la vista, con expresión calmada. Peligrosamente calmada.
— Las tarjetas no son eternas. Se cortan cuando quien las usa deja de aportar.
— ¡Soy tu hija! ¡Merezco…
No terminó la frase. Don Sebastián se puso de pie con lentitud, camin