Elena los dejó hablar. Cada uno vomitó sus reproches, sus juicios disfrazados de preocupación, como si la rabia fuese amor en forma de regaño. Y cuando ya no quedó nada más por decir, cuando la voz de su padre se perdió en la indignación de los demás, Elena se puso de pie.
Sus tacones resonaron sobre la madera cuando dio un paso adelante. Solo entonces todos callaron.
— Durante años, he escuchado cómo cada uno de ustedes habla de familia… mientras me empujaban hacia las sombras. Me dieron las s