Paz dejó escapar un suspiro pesado, sintiendo cómo la frustración se aferraba a su pecho como una garra helada.
Su cuerpo aún temblaba, no sabía si por la emoción que la había invadido al estar tan cerca de Terrance o por la fatiga que la enfermedad estaba dejando en ella.
Con un movimiento lento y cansado, se puso el albornoz sobre la piel helada.
Al otro lado de la puerta, los golpes resonaban con furia.
—¡Terrance! ¡Abre ahora mismo!
El sonido chillón de Deborah perforó el silencio, pero él n