Terrance regresó a la habitación con pasos firmes, pero en su interior se sentía temblar.
Se acercó a la cama donde Paz yacía ahí, su piel pálida y su expresión cansada.
Sin decir una palabra, la tomó en sus brazos con delicadeza, como si temiera romperla, y la llevó al cuarto de baño.
Ella no se resistió, pero su corazón latía con fuerza.
Cuando la colocó de pie, sus cuerpos quedaron tan cerca que pudo sentir su aliento acariciar su piel.
Con movimientos pausados, Terrance comenzó a quitarle la