—¡No, no puedo abortar! No puedo dañar a mi hijo.
Vivian sintió un nudo en la garganta, apenas terminó de pronunciar esas palabras. Su pecho subía y bajaba con fuerza, intentando procesar lo que estaba pasando.
La doctora la observó con una sonrisa tranquila, como si ya hubiera visto esa reacción muchas veces antes.
—Entonces, debes cuidarte para que tu bebé crezca sano y fuerte —dijo, extendiéndole unas vitaminas—. Habla con el padre, verás que todo saldrá mejor de lo que piensas.
Vivian asinti