—Debo decirle la verdad al señor Gabriel. Si me odia, está bien, pero merece saber que tendremos un hijo.
Las palabras resonaban en la mente de Vivian mientras caminaba hacia la empresa, el corazón apesadumbrado, cargado de la angustia que la atormentaba.
En el fondo, sabía que no podía seguir ocultando su embarazo, pero la verdad le pesaba como una losa.
No estaba preparada para las consecuencias, pero había llegado el momento de enfrentarlas.
Al llegar a la oficina, se detuvo frente a la puert