Mila se levantó de la cama con rapidez, su cuerpo aún adolorido por la resaca, la cabeza latiendo a golpes.
Miró a su alrededor, sintiendo la pesadez del ambiente. No podía recordar con claridad lo que había pasado, solo fragmentos borrosos de una noche de ebriedad que no deseaba recordar.
Comenzó a vestirse a toda prisa, el sonido de su ropa arrugándose, llenando el aire.
Se sentía vulnerable, incómoda, y, sobre todo, perdida.
—¡No me mires, cierra los ojos! —ordenó, con una voz que intentaba s