Paz sintió un vacío en el pecho, una sensación de que algo no estaba bien.
Tomó su cartera y miró a su alrededor.
—¡Niñas! ¡Mila! ¡Mía! ¡Es hora de irnos! —llamó mientras se dirigía al jardín donde las había visto por última vez.
El silencio que le respondió hizo que su corazón empezara a latir con fuerza.
Algo no estaba bien.
—¡Mila! ¡Mía! ¡Respondan, por favor! —gritó mientras revisaba desesperada detrás de los arbustos y los árboles.
Su voz se quebró.
El miedo comenzó a apoderarse de ella, me