El corazón de Vivian latía con una furia desbocada, retumbando en su pecho como un tambor de guerra. Estaba atrapada. Su mente gritaba en un torbellino de pánico mientras sus dedos temblorosos se aferraban a su vientre.
«¡Qué destino tan cruel! Después de tanto esfuerzo por escapar, justo ahora el destino lo pone frente a mí…»
Contuvo la respiración, obligándose a mantener la calma mientras la doctora tecleaba en la computadora.
—No recuerdo a ninguna paciente llamada Vivian, señor —dijo la muje