La puerta se abrió de golpe y la voz de Randall retumbó en la habitación como un trueno.
—¡Aléjate de Paz!
Terry apenas tuvo tiempo de girarse cuando sintió el impacto del empujón de Randall, haciéndolo retroceder tambaleante.
La furia destellaba en los ojos de Randall, su cuerpo entero irradiaba hostilidad.
El resentimiento, la rabia contenida durante años, explotó en un instante. No hubo advertencias ni titubeos; solo puños cerrándose y lanzándose con fuerza brutal.
Terry reaccionó, bloqueando