Los hombres, con una rapidez fría y calculada, comenzaron a desatar a Deborah.
Ella se lanzó hacia su padre, abrazándolo con una sonrisa triunfante, su risa resonando en el aire como una cruel burla hacia Paz.
—¡Papito, gracias! Al fin, Paz, al fin ya no serás un estorbo en mi vida. Te robaste a mi prometido, ahora yo te robaré toda tu existencia. Te despediré de tus hijas, y cuando acabe contigo, ellas pronto estarán contigo en el infierno —declaró Deborah con una sonrisa llena de veneno, disfr